Situado en una de las zonas más castizas de la capital, este pequeño y escondido restaurante, decorado de una manera elegante y funcional está dividido en dos plantas: la superior es una especie de altillo que se vislumbra desde la planta de abajo. En la planta de arriba tienen una mesa "con vistas al mar", como les gusta decir: es una mesa pegada al ventanal.
Es un local pequeño, acogedor e íntimo donde Justo, el propietario, cocinero y maître, te explica con detalle la preparación de cada plato, cambia ingredientes si quieres o te sugiere la mejor combinación de platos y vinos. Su carta es corta pero todos los días suele tener cinco o seis platos fuera de la carta (según lo que ofrezca el mercado) que la convierten en una cocina cuidada, sencilla pero exquisita, con productos de primera calidad. Su selección de vinos es muy interesante: son escogidos con criterio y originalidad.
- Cazuelita de boquerones a la donostiarra
- Habas tiernas con jamón y ajitos
- Lomo de merluza del Cantábrico a la espalda
- Sardinas marinadas sobre juliana de lechuga y con salmorejo
- Medallón de solomillo de cebón asturiano a la plancha
- Pichón asado con reducción de P. Ximénez
- PLATO DE CUCHARA del día (de martes a viernes)
- Crema de queso con ciruelas al P. Ximénez
- "Suflé" de chocolate negro caliente