Restaurantes que he vivido
Urumea II
Siempre me ha parecido más difícil encontrar direcciones secretas en las que comer con calidad y a buen precio que visitar los restaurantes que todo el mundo conoce, los que aparecen en cualquier guía de gastronomía. La satisfacción al encontrar estos lugares suele ser, además, doble: nunca es fácil dar con ellos y es una alegría comer bien por un precio ajustado. Su búsqueda tiene por tanto algo de ejercicio de arqueología, de encuentro con un extraño tesoro. Y la labor resulta especialmente ardua hoy día y más en una ciudad como Madrid, donde, pese a la crisis y quizá también por ella, acudir a cualquier restaurante medio no está a la alcance de todos los bolsillos.
Pues bien, muy cerca de una de las arterias mesoneras por excelencia del Foro, la Cava Baja, se encuentra el restaurante Urumea-2 (no tiene ninguna relación, salvo el nombre, con el de la calle Cochabamba). Justo detrás de ese mercado que siempre ha llamado la atención de los gastrónomos viejos, el de la Cebada, se sitúa este pequeño restaurante que lleva tiempo ofreciendo bien de comer a su parroquia de asiduos.
Urumea-2 es una de esas direcciones secretas que merece la pena conocer. Manuel Do Vale Fernandes, un portugués de Braganza, lleva muchos años afincado en Madrid ofreciendo una oferta de calidad. Con su mujer al frente de los fogones, la nacionalidad de los propietarios del local garantiza que el bacalao sea uno de los platos principales de la carta. El bacalao a la portuguesa, elaborado a la plancha, con patatas panadera y una fina capa de cebolla de guarnición, es espectacular. También es muy recomendable la elaboración a bras, revuelto con patatas y huevo, también tradicional en el país vecino. El gádido es una de las estrellas de una carta en la que también sobresalen el churrasco y las chuletitas de lechal, estas últimas sencillamente excelentes.
Si el comensal elige degustar alguna de sus raciones antes de los primeros platos, debe tener cuidado porque aquí no se busca el ahorro de materia prima, sobrante en este caso en calidad y cantidad. Raciones de pulpo y lacón a la gallega, calamares a la romana, mejillones estilo Urumea o sepia a la plancha desafían al más valiente.
Buenos primeros platos, con algunos guiños a la gastronomía madrileña (los callos, por ejemplo) y gallega (como el pote) y segundos de relumbrón en un local desenfado que también ofrece un excelente menú cualquier día de la semana salvo los sábados, que cierra. Los postres, caseros, sin complicaciones, pero muy ricos: arroz con leche, manzana asada, pudding, etc.
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