Restaurantes que he vivido
Santana
Llega el verano, es tiempo de terrazas. Madrid tiene un buen número de locales de fama renombrada por ser espacios ideales para comer y cenar en esta época en que la canícula se hace abrasadora. Alejado del centro y de las reseñas de las publicaciones dedicadas a la gastronomía, se encuentra Santana, un coqueto restaurante situado en las inmediaciones de Arturo Soria. Un lugar ideal para disfrutar en esta época del año de su terraza acristalada y sus mesas al aire libre.
La primera curiosidad de este local es que ocupa la casa en la que nació el tenista Manolo Santana. La segunda tiene que ver con su carta, mucho más ecléctica de lo que se pueda pensar a simple vista. Santana es un restaurante que congrega a un público que busca en sus fogones una cocina auténtica, sin artificios. Vecinos de la zona, gente de negocios, familias el fin de semana, son sus parroquianos.
Los clientes de Santana suelen repetir por la bondad de su cocina y por la amabilidad del servicio, atento a cualquier petición del comensal. Una de las especialidades de la casa son los Chipirones en su tinta rellenos de langostino. Lástima que el último día se hubiesen acabado todas las raciones. Afortunadamente no hay mucho espacio para equivocarse en este local. El Lomo de bacalao confitado en aceite virgen extra es sencillamente magnífico.
Los entrantes y platos a compartir también son muy atractivos. El Salmorejo cordobés con jamón y huevo de codorniz es una buena elección, sobre todo ahora en verano, como lo son los Raviolis de queso de oveja y trufa con salteado de setitas, todo un descubrimiento. Platos más tradicionales, como la Tempura de verduritas, setas y langostinos, la Morcilla artesana de Segovia o los Huevos camperos estrellados con jamón de bellota, alternan con apuestas más arriesgadas, como el Carpaccio de Kobe de Nueva Zelanda o el de Reno de Laponia ahumado. También es recomendable el Pulpo asado, que se ve cada vez más en nuestras latitudes y que probamos por vez primera en restaurantes de Atenas y Milán.
Una buena representación de carnes del mundo (Hamburguesa de bisonte y lomo de gacela, entre otras) y los Woks, elaborados con base de arroz aromático basmati y verduritas salteadas, son otros guiños exóticos de una carta que también ofrece cortes nacionales como el Lomo y solomillo de buey gallego, la Carrillada ibérica y el Rabo de toro.
Los postres deben solicitarse diez minutos antes para que lleguen a la mesa en su punto justo. Entre ellos, la Tarta fina de manzana con helado de yogur búlgaro que tomamos el otro día resulta magnífica.
Al pie del cañón siempre está Juan, el propietario, un tipo de muy buena conversación y de enorme erudición enológica. Con la sugerencia del otro día, un Rioja Melquior Crianza, no se equivocó, desde luego.
Junio 2011
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